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domingo, 12 de abril de 2015

Disfrutando del silencio de mi soledad...

La tarde no quería caer. A pesar de la hora, el Sol bañaba las calles brillando alto desde el cielo. El calor se hacía notar en el aire que me acariciaba la cara y los brazos. Era un día veraniego, siendo aún primavera… ¡Ah la primavera! Las plantas nacen, crecen, dejan salir sus flores, la gente pasea, los colores y los olores toman vida… Y yo aquí, sentada en la escalera de entrada a la escuela de música, mi segundo hogar… Esperando la hora de entrar a clase. Estoy sola, sentada en el tercer peldaño apoyada sobre una de las grandes columnas contemplando la calle y los coches aparcados.

Qué diferencia con otros días. La mayoría de veces la entrada está llena de niños correteando mientras sus padres o sus madres hablan con los estuches de los instrumentos en la mano, a veces hay jóvenes conversando con los instrumentos apoyados en las columnas. Todos esperando su hora de clase o despidiéndose de los compañeros al haber salido.


Sin embargo hoy yo estaba disfrutando del silencio de mi soledad… Sin niños que corrieran ni padres que hablaran ni jóvenes que comentaban las clases o los ensayos, yo sola.