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sábado, 6 de junio de 2015

Rutinas

La rutina... la rutina cansa, es pesada, repetitiva... Algunos la consideran como algo que posee al hombre, algo que acaba consumiéndolo, convirtiendo nuestra vida casi en algo automático, como si fuéramos máquinas... El mundo es algo que se mueve sin parar y las gentes van y vienen viviendo sus vidas a la vez, entrelazándose. Cuando tú te levantas, hay gente acostándose, pero también hay gente conduciendo, escribiendo, haciendo deporte... Es algo casi mágico, formamos parte de este continuo movimiento sin darnos cuenta.

Yo misma caminaba por donde siempre, el mismo camino de todos los días de regreso a casa desde el instituto. Mirando hacia abajo, contemplando mis pasos mientras disfrutaba de mi música o en esta ocasión, como en la canción de Rosendo, el ruido de la ciudad, y reflexionaba, como solía hacer.
Pensaba precisamente en mi rutina, parecida a la de cualquier estudiante: madrugar, asearme y vestirme, ir al instituto donde entre cachondeos y lecciones se pasa la mañana, volver a casa a comer y estudiar; sólo variaba los lunes y viernes para ir a música por la tarde; y los fines de semana solía salir por ahí con amigos, estudiar, levantarme más tarde y ayudar en casa...

Casi a tempo con mis pensamientos la suave brisa de otoño que sentía en la cara balanceaba mis cabellos sueltos. Veía las hojas caídas marrones pasear por el suelo. Podía escuchar los cantos de los pájaros, mientras caminaba por el parque donde algunos niños ya jugaban... Mirando al cielo pude contemplar alguna que otra nube. Al entrar en mi calle, una explosión de colores me daría la bienvenida; los coches de los vecinos, a un lado colores brillantes con el sol reflejándose en ellos, al otro, coches a la sombra que parecían dormidos…

Todo ha cambiado pero todo sigue igual...

Esto va por esas personas que eligen salir de nuestras vidas, por aquellas en las que es el tiempo quien decide y por esas largas agonías que el orgullo provoca hasta acabar con todo. Como decía aquella canción que pocos conoceréis, todo tiene su fin… Y si forzamos o alargamos las cosas, ese fin es más costoso y doloroso. Esta entrada es para esas personas que se quedaron y por esas que se fueron…



¿Qué nos ha pasado? ¿Qué queda de nuestras largas conversaciones? Sólo recuerdos... Ahora, esas palabras bonitas no se quedan más que en eso, palabras, vanas grafías sin apenas significado... No voy a sentarme a llorar en mi cama, porque en parte puede que la culpa sea mía, quizás no supe cuidar la relación, o quizás la cuidé demasiado y por eso ya no me queda nada. No pienso desperdiciar mis lágrimas porque no merece la pena, quizá fue sólo el tiempo, algo que, tarde o temprano pasaría, y como tuvo que pasar pasó.

A lo mejor "nada" es lo que nos merecemos por ser como somos, por intentar tener algo imposible...

Tan cerca y tan lejos... Quizá es el destino el que no quiere que nos veamos más... Tal vez debamos permanecer en silencio, o tal vez seguir adelante con conversaciones "frías" que queman... A lo mejor, el tiempo nos hace volver a estar como antes... O quizás acabamos tan distanciados que dejamos de ser ese "nada" que somos...
Ya no vamos a contarnos las cosas antes que a nadie más... ya me da igual si pasa tiempo sin hablarnos... Ya no me importa si vas a o no a las fiestas que voy yo, ni me preocupo de si nos veremos por casualidad en algún lado. Ya no nos quedamos levantados hasta altas horas para hablar juntos, quizá sí hablando con otra gente pero no entre nosotras. Las cosas han cambiado, y en parte cambiaron por ti. No me importa, he aprendido a vivir sin ti... Aunque eso no significa que no me importes tú o que no piense en ti...