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lunes, 9 de mayo de 2016

Un día gris

Apenas podía estudiar. El tema no ayudaba, pero aunque fuera lo más interesante del mundo y contado de la mejor de las maneras no me iba a poder centrar… No entendía qué me pasaba… No me encontraba bien. Tenía ganas de llorar y a la vez sentía la ira quemándome por dentro. Sentía ganas de estallar, y de llevarme ciertas cosas por delante… Absorta en mis pensamientos y harta de perderme en los apuntes hasta que carecían de sentido para mí, me acerqué a la ventana. Un día gris. Esta ocasión, un amargo día gris…

El cielo estaba completamente cubierto por ese manto de nubes que anuncia tormenta… Me quedé observando un rato y puse música para evadirme de mis propios demonios. Algo instrumental, Lindsay Stirling era perfecta para esa situación. Entonces empezó a llover… El sonido de la lluvia se mezclaba con el piano y con la suave melodía que Lindsay creaba con su violín. Todo en armonía. Todo menos yo…

Estuve un buen rato embobada, contemplando las gotas bajar hasta la tierra. Estuve tentada a abrir la ventana y oler esa tierra y las tejas mojadas, ese aroma tan característico de la lluvia que siempre me cautiva. Quería bajar al jardín a mojarme mientras olía aquella lluvia, mirando al cielo y dando vueltas sobre mí misma, sentir el agua fría sobre mi piel… Quería sentir la lluvia… Pero me quedé allí, sentada frente a la ventana mientras mis demonios volvían junto a mí… Entonces me derrumbé una vez más… Una más, la última… Siempre me hacía la misma promesa, pero las promesas están para romperlas…

Es curioso como lo dulce y lo amargo están tan cerca y a la vez tan lejos… Aquella misma situación, en otro momento, me habría fascinado. El perfecto enlace entre los acordes del violín y los del piano con el sonido de la lluvia. La sencillez de la melodía y la maestría de la interpretación… La tenue iluminación de mi habitación. Esa soledad que en tantas ocasiones me ayudó a relajarme… Los aromas y el frescor al abrir la ventana… Todos esos pequeños detalles que adoro percibir en armonía, que ahora no eran más que lágrimas que se acumulaban… Era… Un día gris… Pero en esta ocasión, era un amargo día gris…


Lloré, grité, escribí, taché, rompí cosas, intenté tocar algo con mi guitarra, maldije… Y al final, volví al principio. Todo seguía igual… Todo sigue igual. Y aquel, fue solo un día gris, solo un amargo día gris.

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