No hubo buenas noches aquella noche. Ni siquiera tu mensaje avisándome de nuestra hora me animó. Había discutido con él; no era la persona más importante de mi vida pero si le amaba. Quizá no de la misma forma que a ti, jamás amaré a alguien como a ti, pero le quería... Me había dado un verano maravilloso, todo mentira, pero una mentira muy dulce. Luego las tornas habían cambiado según él, pero yo no era capaz de perdonar su traición.
Él, ofendido por mi amor hacia ti, ofuscado e impotente, se mostró herido, no lo entendía y no lo entenderá. Lo tuyo es diferente. Pero mi herida era mayor. Así había empezado la discusión. Me exigía algo que yo no podía ofrecerle sin más, hay cosas en esta vida que uno tiene que ganarse. Y tras la discusión quedaron en mi mente los recuerdos, tiznados de amargura. Por eso no hubo buenas noches, no podían serlo.
Subí a mi habitación con lágrimas en los ojos. Era tarde para tocar pero cogí la guitarra casi por instinto. Cuando mis dedos acariciaban las cuerdas todo parecía lejano y me sentía segura. La dejé y pensé otra forma de relajarme. Pasó por mi cabeza coger el coche. La carretera también me ayudaba a olvidarme de todo lo demás por un rato, sola con ella y algo de rock. Pero no podía salir o despertaría a los demás. Eso sólo me dejaba una opción... Empecé a escribir y cuando las lágrimas volvieron a caer decidí lavarme la cara y beber algo para leer lo que otros hubieran escrito.
Y así, entre palabras e historias perdida, caí en brazos de Morfeo, aunque esa noche no hubo buenas noches.
Hoy no escribo para dejar un alegre recuerdo, pero tampoco para soltar la tristeza o la rabia. Hoy escribo por escribir, porque quiero, escribo por el placer de escribir... Hoy empiezo este blog sin ni siquiera saber si lo seguiré algún día… Sin saber cuándo, cómo o dónde volveré a escribir… Sólo sé que mis palabras y sus letras me acompañan, allá donde vaya. Y se pierden conmigo entre los recuerdos, olvidando la existencia del tiempo…
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