La dulce luz de la Luna, casi
llena, bañaba la inmensa explanada de pequeños jardines oscuros, los cubría con
delicadeza, dejando algunas sombras. Desde mi habitación apenas se veían los
reflejos de una tele, en la casa de enfrente... Mirando hacia otros sitios se
veían algunas luces de unas casas, otras casas estaban a oscuras. Levanté la
mirada y al fin la vi, tan espléndida como siempre, más brillante que nunca, acompañada
por unas pocas estrellas, la preciosa Luna. Se escuchaba un coro de grillos que
cantaban casi al unísono... Podría haber pasado la noche contemplando la
escena. Y cada vez que movía la mirada apreciaba nuevos detalles. Como unas
nubes que aparecían un poco más lejos, o como se dibujaban las hojas en las plantas
de los jardines.
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