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lunes, 27 de febrero de 2017

Aquella melodía...

Aquella melodía sonaba en mi cabeza una y otra vez... ¿Dónde la habría escuchado? Intentando recordar y dejando libres mis pensamientos miré hacia afuera distraída. La tenue luz que quedaba dibujaba los contornos de los edificios y las casas. La lluvia caía como un suave manto cubriéndolo todo. Entonces recordé.

Todo empezó un día tan lluvioso como aquel, en un pequeño pueblecito de la sierra. Paseamos durante largo rato bajo el paraguas. Hasta que encontramos la cabaña que habíamos alquilado, a las afueras del pueblo. Como hacía frío encendimos la chimenea, creando una atmósfera acogedora. Nos sentamos en el sofá, justo en frente de la chimenea, y nos quedamos en silencio. Aquellos profundos ojos me miraban. Durante un momento quedamos como estatuas, sin decir nada, sin hacer nada. Sin darme cuenta le estaba sonriendo y él me devolvió la sonrisa cálidamente. Él se acercó y nuestras caras quedaron a milímetros la una de la otra. Nos fundimos en un largo y dulce beso que llevaba deseando todo el día.

Es curioso cómo una simple canción trajo a mi cabeza todos esos recuerdos. Era curioso cómo podía recordar aquel día con tanto detalle. Y esos detalles son los que siempre me quedaré, los que me acompañarán siempre.

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