Aquella melodía sonaba en mi
cabeza una y otra vez... ¿Dónde la habría escuchado? Intentando recordar y
dejando libres mis pensamientos miré hacia afuera distraída. La tenue luz que
quedaba dibujaba los contornos de los edificios y las casas. La lluvia caía
como un suave manto cubriéndolo todo. Entonces recordé.
Todo empezó un día tan lluvioso
como aquel, en un pequeño pueblecito de la sierra. Paseamos durante largo rato
bajo el paraguas. Hasta que encontramos la cabaña que habíamos alquilado, a las
afueras del pueblo. Como hacía frío encendimos la chimenea, creando una
atmósfera acogedora. Nos sentamos en el sofá, justo en frente de la chimenea, y
nos quedamos en silencio. Aquellos profundos ojos me miraban. Durante un
momento quedamos como estatuas, sin decir nada, sin hacer nada. Sin darme
cuenta le estaba sonriendo y él me devolvió la sonrisa cálidamente. Él se
acercó y nuestras caras quedaron a milímetros la una de la otra. Nos fundimos
en un largo y dulce beso que llevaba deseando todo el día.
Es curioso cómo una simple
canción trajo a mi cabeza todos esos recuerdos. Era curioso cómo podía recordar
aquel día con tanto detalle. Y esos detalles son los que siempre me quedaré,
los que me acompañarán siempre.
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