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lunes, 27 de febrero de 2017

Llovizna

La suave llovizna se escuchaba fina como si se deslizara hacia el suelo en vez de caer. El balancín me mecía dulcemente. El cielo estaba teñido de naranja, cubierto con las nubes del desierto. La tenue luz que apenas existía casi no me permitía percibir las formas de las plantas del jardín... La brisa me acariciaba con la ayuda de mis largos cabellos mientras yo contemplaba algún punto lejano... Lejano y profundo en la oscuridad de la noche... La tele del salón susurraba a modo de canción de cuna. Ni sé qué estaban echando, ni en qué canal estaba... No me importaba... Recuerdo el aroma de las flores como un perfume fresco, de esos que siempre son agradables... El agua seguía brotando de las nubes, pero apenas se notaba; yo no me mojaba, porque el balancín estaba en el rincón cubierto... Era agradable, y más después de haber pasado un día sin separarme de los ventiladores...

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